Con apenas 19
años, el futbolista montereño Fabricio Sosa Loppacher comienza a escribir su
propia historia de superación en el fútbol paraguayo. El volante central de
1.88 metros, formado íntegramente en las divisiones menores de Club Deportivo
Guabirá, hoy defiende los colores de Independiente de Campo Grande, equipo que
compite en la División Intermedia y lucha por ascender al fútbol profesional.
El camino no fue
fácil. Fabricio dedicó años de esfuerzo y sacrificio en Guabirá, donde llegó
incluso a ser convocado al primer plantel durante la etapa del entrenador Humberto
Viviani. Estuvo cerca de debutar, integró el banco de suplentes y esperó
pacientemente su oportunidad. Sin embargo, el sueño parecía alejarse una y otra
vez. Nuevos entrenadores llegaron, otros jugadores sub-20 eran tomados en
cuenta y el joven montereño seguía esperando una ocasión que nunca terminaba de
llegar.
“Papá, aquí estoy
perdiendo mi tiempo”, le confesó un día a su padre, Hugo Sosa, cansado de ver
cómo las oportunidades pasaban frente a él. Pero lejos de rendirse, decidió
apostar por un nuevo comienzo. Coincidentemente, su padre tenía una oportunidad
laboral en Paraguay y le propuso viajar juntos. La respuesta de Fabricio fue
inmediata: “Vamos papá, allá terminaré de formarme como jugador. Tengo fe”.
Con esa ilusión
llegaron a Paraguay. Hugo Sosa contactó a un excompañero para pedirle que
observara a su hijo en un entrenamiento del club Independiente de Campo Grande.
Fabricio ingresó a la práctica decidido a demostrar que tenía condiciones.
Al finalizar el
entrenamiento, el director técnico Pablo Caballero quedó sorprendido con su
desempeño y preguntó quién era aquel joven boliviano. Cuando supo que era hijo
de Hugo Sosa, el padre fue claro: “No quiero que juegue por amistad. Quiero que
lo vean por sus condiciones. Si no sirve, mañana mismo lo regreso”, dijo.
La respuesta del
entrenador marcó un antes y un después en la vida del joven futbolista. “Este
es el futuro volante del club y de la selección”, le dijo emocionado mientras
ambos se abrazaban. Desde entonces, Fabricio se ganó un lugar en el equipo y
hoy ya suma minutos oficiales en la Intermedia paraguaya, disputando su tercer
partido con el club.
La historia de Fabricio Sosa es el reflejo de muchos jóvenes que luchan silenciosamente por alcanzar sus sueños. Una historia de paciencia, sacrificio y fe. Porque cuando las puertas parecen cerrarse, siempre existe un nuevo camino para quienes no dejan de creer en sí mismos.



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