De los nueve puntos posibles en juego, el equipo dirigido por Leonardo Egüez solo pudo conseguir tres. Su rendimiento competitivo es bajo: alcanzó apenas un 33,3% de eficacia y recibió más del doble de los goles que convirtió: 7 en contra y solo 3 a favor.
Si bien el Azucarero comenzó con el pie
derecho en este torneo, tras vencer por un ajustado 2-1 a Universitario de
Vinto, en sus siguientes presentaciones su rendimiento fue decayendo y,
actualmente, ocupa el tercer lugar del Grupo C, con apenas tres puntos.
Los resultados muestran que el Rojo presenta
una defensa muy frágil. En sus tres partidos recibió siete goles, con un
promedio de 2,33 por encuentro, mientras que solo pudo anotar tres, para una
media de un gol por partido.
La diferencia de goles tampoco favorece a
Guabirá. Con -4, es el equipo que presenta el peor saldo de goles de su grupo.
Y hay un dato todavía más contundente: nunca consiguió terminar un partido con
el arco en cero.
Sin embargo, es bueno aclarar —y el propio
técnico lo ha confirmado— que el equipo tiene posesión y volumen de remates,
pero muestra una preocupante fragilidad defensiva y poca eficacia en la
definición, situaciones que no le han impedido capitalizar su producción
futbolística y conseguir mejores resultados para sus aspiraciones.
Por eso, el principal desafío de Egüez no
parece ser conseguir que Guabirá tenga más la pelota, sino hacer que esa
posesión sea más peligrosa y, sobre todo, conseguir que el equipo sea mucho más
compacto cuando pierde el balón.
Se vienen los partidos de vuelta de la Copa
Bolivia y Guabirá tendrá la oportunidad de cambiar el rumbo de su campaña. El
próximo 21 de septiembre, a las 18:00, en el estadio Gilberto Parada, la Furia
Roja buscará mejorar su producción futbolística y sumar los puntos necesarios
para mantenerse con posibilidades de clasificar a la siguiente fase del torneo.
Estos son los resultados de los tres partidos
jugados:
Guabirá 2 – 1 Universitario
San Antonio 5 – 1 Guabirá
Oriente Petrolero 1 – Guabirá

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